miércoles, julio 09, 2008

El destino según M. Night Shyamalan

Rodríguez era un ocupa. Sin pagar alquiler se las arreglaba para subsistir en una casa que ningún papel decía que fuera suya. No tenía muchos gastos y algo de morfar siempre había. Él estaba más o menos satisfecho, aunque probablemente no le gustara demasiado sentirse obligado al encierro. No tenía muchos lugares a donde ir y así pasaba su vida, esperando que ningún vigilante lo sacara a palazos algún día, pero no muy preocupado.

Se venía sintiendo mal ya los últimos días, se lo había escuchado quejarse agudamente alguna mañana, no se sabe si por algún malestar físico o de los otros. Esa noche se estaba haciendo larga, y Rodríguez, con el estómago vacío, no quería de todas formas salir de su escondite; prefería seguir durmiendo, a ver si se le pasaba algo de eso que lo aquejaba, o al menos se lo olvidaba. El hambre, sin embargo, díficilmente se le fuera.

Amaneció tarde, por ser invierno, y ninguno de sus vecinos se despertó temprano por ser feriado, así que él siguió sin mosquearse por un rato más. Ya con el sol más alto, aunque aún con todo en silencio, no aguantó y fue en busca de algo de comer. Se sentía mareado, débil, veía borroso y le costaba caminar, pero además tenía hambre, y sabía que en la cocina nunca faltaba algún pedazo de queso con alguna jalea encima, esa que le encantaba, algo para al menos entretener al estómago un rato y olvidarse por unos instantes de uno de sus problemas.

Efectivamente, había. Pero cuando fue a agarrarlo algo estalló. Hasta dentro suyo. Un golpe fuerte, un click explosivo que en menos de un instante marcaba un punto de inflexión en su vida. El final.

De pronto no podía moverse y algo parecía hacer fuerza por salir de su propio cuerpo, por romper la cárcel de su piel, sin que él pudiera controlarlo. Paralizado y tendido en el piso, casi catatónico, como en esos sueños donde uno quiere hablar o hacer y sin embargo algo lo impide, Rodríguez vio tras pocos segundos cómo unas luces se encendían para iluminarlo, y unos hombres gigantes aparecían desde los escondites a los que aquellos que son de su especie rara vez acceden durante sus vidas, para juzgarlo desde las alturas. Sabían que estaba muerto y que ahora podrían disponer qué hacer con él. Y no porque no lo hubieran dispuesto antes.

Rodríguez se había creído libre toda su vida. Vivió como un crédulo incrédulo, sintiéndose amo de sí mismo. Nunca se detuvo demasiado en lo que podría trascenderlo. Su experiencia así se lo indicaba, parecía hacer lo que quería. No había en él fe en otra cosa, ni siquiera una fe de ratas, jamás siquiera se le ocurrió que le hiciera falta.

No sospechaba que seres más poderosos que él lo controlaban. Cuando alguien tocaba la puerta de la vivienda que ocupaba y él se escondía creyendo que estaba escapándole al peligro, en realidad era porque otros querían que él se escondiera. Cuando se despertaba por las noches a picar el queso untado que tanto le gustaba no imaginaba que era precisamente lo que querían que él hiciera, que estaba siguiendo al pie de la letra esas voluntades levantándose y comiendo hasta reventar. Cuando se sentía mal no era por curiosos azares, por virus que nadie puede prever, por lo incalculable de la vida, sino por planificadas causas, por los designios de una inteligencia superior que nunca en su vida comprendería. Cuando mareado, empachado y envenenado, fue en busca de su última comida, lo mismo.

O quizás no. Quizás sí sabía que iba directo hacia su muerte. Quizás había entendido todo, o no, quizás simplemente no aguantaba más y quería terminar el suplicio, el lento y doloroso camino a ningún lado. Quizás saltó al abismo. Quizás las dos voluntades confluyeron, la del pequeño ser y la de los que oscuramente movían los hilos de su existencia. Éstos llevándola hasta su final, pero él también queriendo suicidarse.

Yo no lo descartaría. Toda su vida había esquivado la trampa mortal hasta que esa mañana, con el olor a fecha de vencimiento encima suyo, con una vida de la que ya sólo podría esperar agonía y muerte, con un destino sellado por esa pasta gelatinosa de la que nunca sospechó pero de cuyas consecuencias ya se estaba dando cuenta, fue directo hacia la trampera y terminó con su vida. Rodríguez sería una rata, pero lo que demostró en todos estos días de resistencia en territorio hostil es que no era ninguna boluda.

12 comentarios:

Fede dijo...

Lástima por Rodríguez.
Quizás algún día podría haber llegado a asistir al último teórico de Ferrer, que lleva por título "La mecanización del cadáver y la mala suerte de los animales"

Anisett dijo...

pobrecita!!!!


por qué la mataste?????? :(

Nacho dijo...

Ese título es desconcertante, sí.

Si les interesa, la rata no sufrió, al menos el tramperazo. Golpe seco al cuello y adiós, murió casi a lo Robespierre.

Nacho dijo...

Justo se superpusieron los comments.

Yo no maté a nadie, fueron mis padres. (?) Y por qué... bueno, este... porque no está copado vivir con ratas, y tratar de agarrarla (o agarrarlas, andá saber si era la única), meterla en una caja y llevarla a un lugar donde no jodiera y fuera feliz era un poco complicado.

Igual ahora está en el cielo de las ratitas, no te preocupes. (?)

Anisett dijo...

ayyyy noooo pobrecita la ratita


al principio pense que hablabas de una pelicula de dustin hoffman (midnight cowboy) donde el hacia de un linyera que comia lo que podia pobrecito :( y despues se enfermaba y ademas era medio rengo

César dijo...

jajaja! La Rata Rodríguez. Creo que ahora está en cana por venta de drogas o algo así si mal no leí por ahí.

Qué loco que una rata argentina muera el día de la independencia (?).

Abrazo!

SirThomas dijo...

Muy bueno el relato. Pero me lo iba imaginando con un hombre jaja, no con un maldito roedor. Pensé que le había agarrado un paro cardíaco.

"Robespierre" otro nombre (apellido) genial, sin juzgar lo que haya hecho o dejado de hacer.

Saludos.

Pat- dijo...

"No había en él fe en otra cosa, ni siquiera una fe de ratas, jamás siquiera se le ocurrió que le hiciera falta."

fe de ratas. Muy bueno :P
Qué sabés si no le dolió? jajaja, morboso!

Nacho dijo...

Efectivamente, Cesc: http://www.clarin.com/diario/2004/01/09/um/m-688921.htm

Se agradecen los comentarios.

Palbo dijo...

Tengo un grano en el culo que parece un pezón y me excita chuparlo.

Nacho dijo...

Poco sutil intento de spam.

Anisett dijo...

:s