domingo, marzo 09, 2008

Más cosas sin nombre

Esta vez no viajaba en subte sino en micro. Pasado el km. 100 de la ruta 2, ponele, creo que me quedé dormido. La corteza prefrontal se fue poniendo en standby y en mi mente se fue formando un mundo feliz e indefinible, de praderas soleadas. Nunca lo recordaré, sin embargo, porque su onírica existencia fue truncada abruptamente. Desconcertado por unos segundos, miré a mi alrededor y constaté que mis sentidos estaban siendo invadidos por él, siempre tan predispuesto a aparecer en los momentos menos oportunos. Bueno, al menos dos de mis sentidos, audición y vista. Por suerte las películas todavía vienen sin olor. Pero fue suficiente para cagarme el sueño por todo el resto del camino hacia Mar del Plata. Guillermo Francella, a los gritos, empezaba sus aventuras en las pantallas de TV del micro casi vacío. Y yo, con casi todos los asientos para elegir, había ido justo a acostarme en los que estaban al lado de los parlantes.

El tipo parece que se iba de viaje con la mujer en una especie de segunda luna de miel. En el aeropuerto creen que tiene drogas, un perro policía se le viene encima, lo tienen que desvestir para convencerse de que no lleva nada y al final lo dejan subir, ya habiéndose vuelto loco. Una vez en el avión, -y disculpen si acá pierdo un poco de refinamiento estilístico, pero quiero transmitir lo más vívidamente posible el espíritu del filme- va a mear y se agarra la pija con la tapa del inodoro, quedando inexplicablemente atrapado entre ella y el inodoro mismo, hecho que no logro entender bien: ¿las tapas de inodoro de avión tienen alguna traba automática o algo así? Yo no sé, nunca viajé en uno, pero si no no se explica: como mucho tendría que haberle dolido poderosamente, pero no quedar "atrapado" porque le cayó una tapa encima... tiene las manos libres para volverla a levantar y salir caminando (o, bueno, considerando lo que le acababa de pasar, rengueando).

Este hecho hecho lo obliga a pedir ayuda, transformando así el baño del avión en una convención de como 15 personas entre pasajeros y tripulación para ver qué hacían con el pobre hombre, convención que ante la no explicada pero aparentemente indiscutible o inimaginable posibilidad de sencillamente levantar la tapa, decide desatornillar el inodoro y hacer que el pobre hombre lo llegue consigo como carga durante el resto del viaje y hasta desembarcar. Hasta aquí, créanlo o no, lo mejor de la película. Confieso, algo ruborizado, que me reí con alguno de estos pasajes. Imaginen, sin embargo, lo que será el resto.

Lo del inodoro al final se resuleve fácil: en el check-in (corríjanme si estoy usando un término equivocado) del aeropuerto, al aterrizar, uno de seguridad le dice que se está afanando un inodoro, Francella le explica un poco avergonzado su situación, el tipo hace un poco de fuerza, o usa una palanca o algo por el estilo -la verdad que tanta atención al detalle no valía la pena prestarle-, levanta la tapa que hacia presión contra sus genitales y San Seacabó.

De ahí en adelante se desarrolla el verdadero meollo de la película, a saber: el personaje de Francella, que se había ido de segunda luna de miel con su esposa, termina enamorándose de una lugareña e inicia una de esas típicas desventuras fílmicas en las que todo tipo de incidentes, mentiras y encubrimientos supuestamente hilarantes ocurren por culpa de la doble vida que el protagonista empieza a llevar. Por poner un ejemplo: el tipo desaparece por 6 horas yendo detrás de su nuevo amor y al volver inventa que en realidad se había ido a comprar algún recuerdo pero que al intentar volver lo agarraron -atención- ¡piqueteros! ¡En un centro especialmente preparado para el turismo en el caribe! Pero encima no cualquier piquetero, como Francella se encarga de aclarar. ¡"Piqueteros dominicanos"! Que deben ser como los argentinos pero ¡más negros! ¡Y por ende seguramente más salvajes e incontrolables! La mujer, por supuesto (porque, como es bien sabido, las mujeres son estúpidas e incapaces del más mínimo razonamiento o contrastación con la realidad; especialmente, agregaría yo, si están casadas con Francella), le cree todo. Y así va transcurriendo la película entre mentirillas blancas y engaños de todos los colores.

Al final la luna de miel se termina y se vuelven a la Argentina, pero el subnormal del protagonista le pide a su flamante amante (permítaseme la cacofonía) que la acompañe, y ella, pobre ingenua, así lo hace, sin tener la más mínima idea de la doble vida que su noviecito lleva. En el avión, con todos a bordo, lo inevitable termina sucediendo y la verdad sale a la luz. Esta vez la que lo agarra a Francella en el baño no es la tapa del inodoro sino la dominicana, y la mujer de alguna manera los descubre in fraganti al abrirse la puerta del mismo.

Vuelve a su trabajo donde, también por supuesto, enterados de lo acontecido, todos sus colegas hombres lo felicitan, aplauden y palmean como a un héroe por su accionar mientras que las mujeres lo insultan y golpean. Como sabemos, decía, la película acierta nuevamente en caracterizar la indiscutible realidad de que los hombres y las mujeres son todos iguales entre sí, los hombres todos cómplices y potenciales victimarios que empatizan con esta clase de hijos de puta y las mujeres todas indefensas víctimas (además de, como dijimos antes, idiotas) que no tienen más que indignarse ante esta clase de comportamientos y defenderse con las escasas armas que tienen (insultos, berrinches y golpecitos).

Llegado este punto, la película, muy ambiciosa ella, se embarca hacia nuevos e inexplorados horizontes para tomar decididamente un rumbo surrealista: Francella habla con su abogado sobre los trámites de divorcio y todas las cosas con las que su esposa se quedará mientras que, enfrente suyo, una de las empleadas del lugar comienza inexplicablemente a hacer un striptease delante suyo. Me pregunto con cada vez más intensidad cuánto falta para que el tipo descubra que es todo un sueño o algo por el estilo.

Y no es, pero casi. O sí, la verdad que no me quedó muy claro, porque el DVD o video empezó a fallar y la película a verse seriamente como el orto, entrecortada, trabada, pixelada, qué sé yo. Pero de un momento para el otro nuestro héroe apareció abriendo los ojos en una cama como de hospital, en una de esas escenas típicas de "señor que se despierta del coma o abre los ojos por primera vez después de haber sufrido un tremendo accidente", con toda la familia (incluyendo hijos y ex esposa, con los que se había peleado si yo no entendí mal la peli, ¿o lo soñó? ¿o qué carajo?) más o menos sonriente al observarlo. La hija celebra una fiesta de 15 y baila con el padre. No se entiende bien cómo pero todo parece haberse arreglado. Como un Deux ex Machina pero encima mal hecho. Pero... ¡ni siquiera eso! Porque de repente... ¡el tipo aparece de vuelta en República Dominicana! Había prometido volver a los pagos de la negra y así lo hizo, se reencontró con ella y tuvo dos hijos, ¿qué tul? La mujer y sus hijos anteriores no se sabe bien dónde quedaron y por qué. Pero bueno. Que nada, ni siquiera la más elemental coherencia narrativa, se interponga en el devenir de nuestro héroe.

En fin, una obra que seguramente dejará su marca en la historia de nuestra cinematografía. Porque es una obra típicamente Argentina. Realmente diría que no le falta nada. Condensa todos los elementos que circulan en el imaginario como parte de su idiosincracia. El chanta apiolado, la viveza y la complicidad, unos cuantos instantes de religión salpicados aquí y allá, pedidos a santos, estampitas y supersticiones, un toque infaltable de fascismo y clase media subordinada de algún jefe pero que aún así se cree alta burguesía y se espanta por el cuco del piquetero... en fin, faltó Perón, nomás.

Todo esto sazonado con culos y tetas a gusto, aportados entre otros por Ingrid Grudke, quien según me enteré en los créditos (la verdad que no la había reconocido) hacía de la mujer de Daniel Aráoz (hermano de Francella que también hace de piola y más jodón que él pero que al final lo termina buchoneando), pero mayormente por dominicanas de alegría e ingenuidad inagotables.

La película termina con Francella, la dominicana y sus hijos en la playa, felices en apariencia, hasta que en escena irrumpe... zas, ¡otra dominicana! De quien Francella se enamora otra vez a primera vista, como de la primera, dando la idea de que todo volvería a empezar de vuelta en una especie de eterno retorno a la imbecilidad y egoismo que caracteriza por naturaleza a la inmutable esencia del argentino-piola-medio, antes de la aparición de los créditos. En fin. Mientras no signifique que van a hacer la parte 2 (en la que Francella engaña a la segunda dominicana con una tercera, para después enamorarse de una cuarta pero quedarse con una quinta, a la que sin embargo empieza a pensar en dejar cuando conoce a una sexta, que nos deja todo abierto para la tercera peli de la trilogía), todo bien.

De lo que no estoy muy seguro es del nombre de la obra, que seguramente algún comentarista aportará como ocurrió con el nombre del cantante misterioso del post anterior, ya que como había dicho la película arrancó mientras estaba durmiendo. Calculo, por el contenido de la trama y porque me suena un título así, que puede tratarse de "Papá está loco".

Cabe destacar, para ir finalizando, su estratégica colocación en la porción intermedia de lo que dura el viaje para impedir cualquier intento de los pasajeros de dormir un buen rato de corrido, al principio o al final del mismo. Sin olvidarse de la consistencia cualitativa que puede constatarse entre los distintos filmes exhibidos en estos viajes: a la vuelta me tocó una de yanquis patriotas que combaten contra terroristas suicidas uruguayos comunistas revolucionarios que pueden controlar la mente de sus enemigos. Posta. Con Steven Seagal.

16 comentarios:

SirThomas dijo...

"Guillermo Francella e Ingrid Grudke en Papá se volvió loco (2005" debería de ser esa la peli.

Inentendible la trama del filme :S jaja (explicada bien, se entiende su sinopsis, aclaro por las dudas).

Muy buena la crónica.

Recuerdo que me tocaron películas malísimas en los escasos viajes en micro que he realizado. No vale la pena mencionarlas, ya que ni idea de los nombres pero fueron de lo peor que vi... pero mal que mal ayudaron a soportar viajes de 24 horas jaja.

Lo del argentino-piola-medio estupendo, aunque medio por arriba remarcaste alguna de sus características y de las mujeres también.

De todas formas, yo reconozco que Francella por lo general me hace reír, él como "actor cómico", tiene algunos gestos y maneras de decir las cosas que me causan gracia.

Saludos.

Anisett dijo...

ajaajajajj

la proxima llevense un libro, mp3 o un walkman, todo sirve.

Nacho dijo...

Mp3 no tengo, walkman... había alguno en esta casa pero debe estar hecho pelota o sin pilas en un rincón. Pero me había llevado unos apuntes viejos y olvidados de la facultad que encontré y me dieron ganas de leer y dos sánguches de milanga (?), además de una seven up que compré apurado antes de subir al micro. De los comestibles me encargué, y con eso me entretuve un rato, pero el cuadernillo de Sociedad y Estado lo usé recién a la vuelta. Zafé, con eso, de la de Steven Seagal.

Nacho dijo...

Ah! Seguramente sea ésa la peli, Tom. Lo que me llama la atención es que la modelo germano-argentina (?) aparezca como co-protagonista, cuando su papel era bastante menor. Pero bueno, supongo que vende más que la que hacía de esposa de Francella, que no era una esbelta y rubia modelo precisamente (me dijeron por ahí, vía MSN, que se trataba de Lucía Galán, la mina de Pimpinela... evidentemente cualquiera puede ser actor en este país, el único requisito es ya ser famoso por algún motivo previamente).

SirThomas dijo...

Bueno, en mi caso, de hecho en los momentos en los que no había película, leía un libro o escuchaba un poco de música. El tema es que cuando la película está "on the air" difícilmente se pueda hacer otra cosa, digo... al menos en mi caso no podía regular el volumen a mi placer... escuchás el sonido por los parlantes y eso te dificulta realizar cualquier que requiera atención de los oídos (escuchar música en tu mp3) o silencio para poder leer... yo soy de aquellos a los que les cuesta concentrarse para leer si hay música o mucho ruido de fondo.

No se puede escapar de la película en el bondi, salvo que estes muy cansado y te duermas, utilizando la imagen de un filme de pésima calidad para tal propósito, o no, simplemente recostándose y echarse a dormir.

Por otro lado, Correcto NAcho, Lucía Galán fue la co-estrella consagrada que acompañó a Guille en esa película. Suceso de taquilla también :P.

Bueno, saludos.

Nacho dijo...

Ah, sí, lo que pasó fue que a la vuelta el volumen estuvo mucho más bajo me parece. Cambió la compañía, eso lo explica (?).

*Pat-* dijo...

"Confieso, algo ruborizado, que me reí con alguno de estos pasajes. Imaginen, sin embargo, lo que será el resto."

Ay tonto, no te averguences (?).

Nacho dijo...

La escena donde 10, 15 tipos deliberaban qué hacer con él en el baño en particular me pareció bastante graciosa. Después, como digo en el post, la espiral de decadencia en la película fue cada vez más inexorable, y por ende risas y sonrisas brillaron por su ausencia.

JavierDM dijo...

Nacho escribiendo, qué es esto? desde cuándo? :shock:

Dos posts más y alcanzás la cuota de 2006 y 2007 juntos :P

Jack Celliers dijo...

Qué envidia... estas joyas realmente dan un placer exquisito.

Yo me pregunto si no aparecerá algún Tarantino argento que tome ese material de novena y haga algo, no sé... una obra de arte.

Cinzcéu dijo...

Un viaje en micro es siempre una experiencia del puto infierno. Excelente crónica de un film que no ví pero parece igual a otros que ví en análogas circunstancias. El día que me suba a un micro y pongan, digamos, El Padrino me bajo donde sea porque algo estaría fuera de toda lógica y me invadiría un terror de tipo Lovecraft. Saludos.

Anónimo dijo...

¿Cuánta plata le habrá dado a este film nacional el Instituto de Cine, sacada del impuesto aplicado a las entradas del 100% de las películas a las que uno va?

Nacho dijo...

Dejo UN comment en un blog ultraliberal y miren las consecuencias que esto genera acá. :P Sí, anónimo, la causa de todos los males de la humanidad es la intervención del Estado. Quedate tranquilo que tenés razón. El sistema judicial, por ejemplo, claramente no funciona. Y es más: ¡da pérdidas! ¡Que -horror- pagamos todos nosotros con nuestros impuestos! Hay que privatizarlo y que se convierta en una eficiente empresa de una vez por todas. Lo mismo las rutas. Yo estoy harto del tráfico y los baches. La inutilidad del Estado para solucionar estas cosas no se soporta más. Ya hay que ponerlas en manos de Rupert Murdoch. Y así con todo.

Jack, Cinzcéu, un gusto tenerlos a ambos por acá.

Nacho dijo...

Ah, y Javi, viste, ya volví a la normalidad, hace un par de meses que no posteo. Pero volveré. (?)

Tú dijo...

Tenés razón che, tenemos que subsidiar con nuestros impuestos las películas de Francella. Y el que se queja de eso es un "ultraliberal" que quiere cerrar las universidades o algo.

¿A vos no te genera cierta molestia la enorme probabilidad de que la producción de esa película haya sido pagada, entre otros, por vos?

Nacho dijo...

Por ahí me equivoqué, pero el comment fue al día siguiente que entré en un blog ultraliberal donde TODOS los comentarios son iguales y llegan a esa misma conclusión para todos los aspectos de todos los problemas del mundo. Si no es así, mis disculpas, prejuzgué erróneamente.

Obviamente una peli de Francella es algo que no me parece bien financiar, de más está decir. En ese planteo en particular estoy de acuerdo sin dudas, si es que es así. El resto fue una proyección nomás. :P