lunes, noviembre 27, 2006

Sin título

Iba a arrancar este post diciendo que no soy bueno para poner títulos. Pero lo pensé un poco y no creo que sea así. He puesto títulos buenos, algún juego de palabras, alguna referencia piola, qué sé yo. Seguramente también puse títulos malos, pero no sé si fueron tantos. Entonces cambié mi diagnóstico. Lo que creo ahora que me pasa es esto: soy un poco obsesivo con los títulos. Si no encuentro uno bueno, todo el resto del post o lo que sea que haya escrito se paraliza, puede quedar sin publicar (o hasta sin escribir, teniendo la idea en la cabeza) por largo tiempo. Esto puede ser problemático, pero también tiene sus ventajas. Cuando, después de devanarse los sesos (¿vieron que lo único que alguien puede "devanarse" son los sesos? Nunca vi una frase que dijera que alguien se devana otra cosa, digamos, el omóplato o la remera. En realidad, ni siquiera sé estrictamente qué significa "devanar", sólo que funciona como parte de esta frase hecha, correcta pero lugar común), de revolver todo el argot cerebral de frases célebres, rimas graciosas, títulos ajenos a parodiar, etc., uno se encuentra de pronto con ESA idea, la satisfacción es total. Una sensación de plenitud se hace nuestra, y eso que escribimos o estamos por escribir ya nos parece tres veces mejor de lo que es o puede ser.

En estos últimos meses me he tenido que enfrentar varias veces con el problema de los títulos. Cursando la bastante disfrutable materia "Taller de expresión" en la UBA, tuvimos que hacer una importante cantidad de textos (cuentos, ensayos y alguna que otra boludez más) a los que, luego de evadir el problema en las primeras entregas, inevitablemente tuvimos -o tuve, no sé hasta qué punto a todo el curso le resultó un problema- que ponerle título. La mayoría de las veces, creo, puse títulos muy malos. La clase era todos los jueves a las 9, y en general, dado mi ultimomomentismo para hacer las cosas, terminaba escribiendo lo que había que entregar la trasnoche del miércoles, finalizando un par de horas antes de las 9, con considerable sueño y bastante dolor de espalda. En ese contexto, pensar un buen título se hacía bastante difícil. A veces lo terminaba agregando con birome, a eso de las 11, cuando la clase se levantaba, justo antes de entregar; otras -en general cuando tenía problemas con la impresora-, me mandaba el cuento a mi mismo mail para imprimirlo luego en algún cyber cerca de la facultad y, en el trayecto hasta ésta, pensaba algún título potable mientras me preocupaba por no morir sepultado por la masa de gente que aborda los trenes sureños a esas horas. Fue todo un problema, durante todo el año. Pero como ya dije, a principios de año zafé. El profesor aún era más laxo al respecto y yo o me olvidaba o me hacía el boludo, y podía entregar muchas veces la o las hojitas con apenas la consigna, mis datos y el texto, y todos felices. Pero claro, volvía casi siempre con la queja remarcada: "TÍTULO", escrito arriba, entre el texto y la consigna, donde se supone que debería ir. Luego tuve que empezar a improvisar, pero de esa época quedaron un par de cuentitos sin titular, y son los que vengo a postear ahora. Bueno, hay otros, pero pongo estos dos porque dentro de todo me gustan, y además porque un hecho concreto los une:

Ya hice alusión a algunas malas pasadas jugadas por mi impresora. En algunas de ellas, los cuentos quedaban impresos pero con alguna falla, producto de la Hewlett Packard o de mí, que no me daba cuenta de algún error hasta después de impresa la hoja. Pues bien, esas hojas con fallas pero con los cuentos ahí enteritos, quedaron un día sobre el monitor de mi PC, y mi curiosa madre las tomó. Volví de la facultad y ella comenzó a hablarme entusiasmadísima de los cuentos, que no sabía que yo escribía o que escribía tan bien (las madres tienden a elogiar todo lo hecho por sus hijos -salvo lo poco que ayudan en las tareas del hogar o cosas así-, ya saben), a preguntarme si todas estas cosas que escribía para la facultad quedaban guardadas en algún lado... fue algo muy raro.

Hace ya bastante tiempo le contaba a Billie que me di cuenta de la gran distancia que me separaba de mi madre un día en que le conté acerca de un sueño, ella intentó hacer una interpretación del mismo, y no pudo haberle pasado más lejos, al menos con respecto a la que yo le daba. Claro, si no tenía idea de la existencia del hecho que yo relacionaba con el sueño, era imposible. Acá pasó algo similar. Yo escribo bastante, pero ella realmente no tenía idea. Ni de los blogs -menos mal- ni de cómo guardo por las dudas cualquier cosa que escribo para la facultad o para cualquier otro lado, etcétera. Esto fue, casi sin quererlo, una forma de acercamiento. Y estuvo bueno... hacía falta acortar algunas de esas distancias. Aunque sea a través de lo escrito en ficción, fue una manera de ponerme en una posición más accesible con respecto a la que en general tengo (más reservada, introvertida, casi misteriosa (?)) con algunas cosas hacia ella. En fin, los dejo con los cuentos. El que mejores títulos les ponga, participará en un concurso por grandes premios. Iba a hacer uno similar hace poco para ponerle nombre a un nuevo blog, pero creo que ya se me ocurrió algo, así que lo transladamos para acá.

Pero primero algo sobre los cuentos en sí. El primero fue producido como parte de una consigna que pedía un cuento con "final inesperado", dentro de una estructura muy básica... Mucho no la respeté, pero afortunadamente nuestro profesor tampoco era muy estricto con eso (salvo que hiciéramos desastres). En el segundo nos daban los primeros dos renglones, y de ahí nos teníamos que disparar a escribir. Esos van a ir en cursiva, el resto vendría a ser lo mío. Ahora sí, después de esta introducción digna del "Vals del segundo", los cuentos:

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En estos tiempos que corren, cargados de obligaciones para simples oficinistas como uno, es mejor tener siempre todo por escrito y así evitar esas eternas dudas. “¿No tenía que ir al banco hoy? El jefe me había pedido algo... pero no, no era ir al banco, era ordenar los cajones del archivo... ¿o preparar los papeles para la inspección? Ay, no me acuerdo, puede ser...”. Es preferible tener las cosas claras. Y qué mejor que una agenda para ello.

“Martes 5 de enero, cumpleaños de Norita. Llevarle flores.” “Miércoles 5 de enero, despertarse temprano, ponerse el traje marrón y pasar por la lavandería a dejar la ropa sucia antes ir para el trabajo. Desayunar en la oficina para ahorrar tiempo. Sellar las boletas de Souza y a las 10:30 estar listo para la reunión. Acordarse de pasar por el baño 5 minutos antes para que no se repita el papelón de la otra vez...” Y así también el 6 de Enero y el 7. Y todos los días que se puedan, ya tenerlos bien programados. “8 de enero: aprovechar el sábado libre para preparar la agenda de las 3 próximas semanas.” De eso tampoco hay que olvidarse.

Por suerte algunas cosas ya vienen anotadas. Si no habría que pasarse todo el 31 de diciembre escribiendo: “1 de mayo, día del trabajador: no se trabaja”, “101: bomberos”, “102: defensa civil”, “103...” Los demás teléfonos sí hay que pasarlos. Y las direcciones, por las dudas. “Avenida La Plata 1714: oficina”. “Tejedor 127: casa de Pipo (mi vecino)”. “Tejedor 129: casa”. “Avenida Corrientes y 9 de Julio: obelisco”. ¿Por qué anoté ésta? Ah, acá está: “encontrarme con Norita a la salida del trabajo. Me espera a las 5 en el obelisco”. Qué bueno, por fin voy a tener mi chance. La segunda, bah, porque ya tuve la primera el día que la invité al restaurante y... ¿qué pasó? A ver... 2 de enero, 2 de enero... “brindis de año nuevo”... acá está. “2 de enero”: “Norita se enojó con la camarera y casi se terminan yendo a las manos”. Qué papelón fue eso, estaba incontrolable. Mejor ni acordarse. Para eso está la agenda. ¿9 de Julio ya? Uf, me tengo que bajar, o al menos eso es lo que tengo acá anotado. No sé cómo voy a hacer, con lo lejos que estoy de la puerta... va hasta las manos este subte. Permiso, disculpe, sí... permiso... uh... sí, te perdono pero me tiraste todos los papeles, boludo, fijate por dónde caminás, ¿querés? Qué educada que es la gente... en fin, ¿en qué estaba? ¿Las 5 ya? Yo tenía que ir a algún lado... a ver. Dónde la habré metido... ¡Pero, córrase, señor! ¿No ve que estoy ocupado? No, no me interesa lo que sea esa porquería que me quiere vender, deje de mostrármela. Sí, eso, váyase, que estoy muy ocupado buscando mi agenda como para comprarle el libro ese, que encima es del mismo color y casi te diría que igual de grande y gordo, me lo terminaría confundiendo con mi querido organizador diario. Ay, si supiera dónde la habré metido. Qué voy a hacer ahora, me va a matar mi jefe, estoy seguro de que si vine acá al centro tiene que haber sido para hacerle algún trámite o algo así, lo tenía anotado debajo de las instrucciones para tomar el subte... ¿justo ahora venís a desaparecer? 5 y 5, con lo puntual que soy siempre, el que sea que me esté esperando ya debe estar pensando en irse creyendo que me enfermé y tuve que faltar. ¡Dónde está la puta agenda! Si yo estoy seguro de que la puse acá, con los papeles de la oficina cuando salí del subte. Qué voy a hacer ahora... ah, ya sé. Para algo escribí el otro día en la parte de emergencias: ‘qué hacer en caso de perder la agenda’. Sólo es cuestión de encontrar la agenda y fijarse...

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Y el segundo...:

Apartó la chapa con cuidado y metió la cabeza a través de la abertura. Al principio vio solamente la claridad mugrienta de la ventana que flotaba a una distancia imprecisa pero después pudo ir construyendo en su cabeza el mapa del tinglado al que estaba intentando colarse. Lo esperaba aún más oscuro, quizás; no imaginaba ese vidrio polvoriento del lado opuesto al del alambrado que tuvo que levantar para cruzar de un campo al otro y que le había dejado el brazo derecho sangrando por la imprudencia: no podría haberlo visto jamás desde su lado. Pero mejor así, pensaba. No iba a ser fácil si no pasar tantas horas encerrado en el galpón esperando que cayera la noche sin llevarse nada por delante o hacer algún ruido que provocara sospechas. El mayor problema eran esas capas espesas de tierra añeja que cubrían todo el lugar y se esparcían por el aire ante el menor movimiento. Y lo mismo si nada se movía. También estaban las ratas, claro, pero eso no es preocupación para un hombre de campo, hecho y derecho. Peor era no poder respirar fuerte sin que se levantara una polvareda descomunal que lo cegara por completo y lo hiciera toser hasta que se le salieran las tripas, despertando así a los guardias o vecinos y firmando el certificado de defunción de su plan.

Meses había estado vigilando obsesivamente a quienes paradójicamente tienen también el vigilar como función, esperando algún momento de desconcentración, algún cambio de guardia, inundación o incendio que le permitiera escabullirse hacia aquel terreno donde sabía que nunca sería bien recibido para recuperar lo que le correspondía. Estaba seguro de que había sido ese gringo sucio como el aire del tinglado, o más probablemente alguno de sus secuaces (ya que por más sucio que sea es de esos a los que les gusta mantener limpias sus manos), el que había irrumpido en su casa aquella noche de Agosto para llevarse inescrupulosamente la tinaja de sus ancestros, la más antigua ya en la época del virreinato, y hacerla guita o quedársela como trofeo, quién sabe. Lo cierto es que, como la denuncia trascendió los límites del poblado y el caso se hizo conocido casi a nivel nacional, estaba seguro de que de ninguna manera Edwards podría haberla vendido y seguro la tenía no muy oculta y a vista de todo el mundo en alguna parte de su casa, aprovechándose de las ventajas que tiene ser amigo del comisario y que la policía local no te ande allanando la casa por más sospechoso que seas.

Desde la ventana de su casa vio esa tarde al mismísimo Edwards hablándole al oído a los matones que desde la época del robo tiene vigilando el perímetro de su vasta propiedad, pidiéndoles que lo acompañaran lejos de esa zona del terreno para un fin que no pudo descifrar cuál era por no ser tan bueno en el arte de leer los labios, y que sólo averiguaría al momento de su muerte. Salió corriendo de su casa para aprovechar la distracción y enseguida se tiró cuerpo a tierra para iniciar su travesía. Arrastrándose entre los pastizales llegó hasta la cerca y se las arregló para arrancarla del piso y pasarle por abajo sin levantar sospechas ni levantarse. Empapada su ropa en sangre y clorofila, alcanzó la entrada del galpón y se metió en él pensando en hacer base allí hasta que se hiciera de noche para poder entonces forjar el asalto final a la casa de Edwards mientras todos, salvo los guardias que seguirían cuidando en vano el perímetro del terreno, durmieran.

Ni el calor, ni la herida, ni la tierra, ni el peligro ni los guardias parecían ser suficiente obstáculo entre él y su objetivo. Aunque las ratas cada vez le molestaban más y le hacían pensar en la avaricia del gringo que no era capaz de pagar un buen fumigador para deshacerse de ellas, si bien rara vez usaba alguien ese depósito.

Cuando la noche ya caía y el momento del golpe se acercaba a tranco largo, escuchó unas voces. Pensó por un momento que Edwards lo había descubierto cuando oyó el crujido de la vieja ventana al abrirse y su voz a lo lejos gritando algo, pero terminó dándose cuenta de cuál era su fatal destino cuando logró distinguir las palabras del hacendado: “ya le avisé a todos que ni se acerquen por el resto del día, apurate que se hace de noche. Y vaciá bien el tanque porque las ratas nos están comiendo”. Encerrado entre la posibilidad de la muerte y la humillación de gritar por su vida entregándose a las manos del gringo, decidió callar y resignarse, sometido ante su orgullo. El fumigador abrió la llave y ni rata ni hombre quedó allí adentro que pudiera contar la historia.

10 comentarios:

Sr. Zero dijo...

:ooooooo

Comento antes de leer el post porque no puedo contenerme ante semejante sorpresa (?).

Nacho dijo...

jajajajaj

*Pat-* dijo...

Bueno, tu post lo leí en 2 veces. Introduccion una tarde, y los cuentos ahora que estoy mas tranquila. El de la agenda es tristemente muy real.Conozco gente asi MUY CERCA :P, es mas, en el trabajo, cada palabra y cada cliente, cada TODO va en la agenda.
Y el de las ratas, muy buen final. Me imaginé la mugre del lugar! :)
Todo lo q yo escribo lo guardo bien gusrdado porq si lo lee mi mamá se va a sentar en una sillita al lado mio a decirme: "vos no sos feliz no?" Ufff....
pd: a "bueno para escribir sobre deportes" le agrego "y cuentos tambien".

Fede dijo...

¡Muy buenos los dos textos!

Seguro a Pablito se le cayó un lagrimón cuando los leyó (?).

Nacho dijo...

Claro, Pat, depende de qué encuentren las madres. Si encuentra algo así, un cuento o una crónica sobre el abierto de australia (?), todo bien. Con otras cosas no da.

Billie, qué emoción que aparezcas por acá. :P

Andita dijo...

Es interesante lo que planteas sobre los títulos, es algo que creo yo le sucede a (casi) todo el mundo. Sin embargo, nadie nunca le ha dado importancia. A mí me sucede de estar más que conforme con lo escrito y a la hora de poner un título la cuestión se comienza a complicar. Y no es algo simple, porque es la introducción, debería ser buena, llamativa, etc...

Bueno, con mi familia me sucede algo similar. Nadie sabe como dibujo yo, casi nunca muestro mis cosas. Sin embargo hace poco vino un amigo que hace de dibujo y le mostré mis cosas, las vieron en casa. Y se quedaron sorprendidos, mi papá me decía de enmarcar algunas cosas :exagerado:

Con respecto a "devanarse los sesos", yo siempre dije "rebanarse" :(

El "Vals del segundo", jaja, fue tal cual...

Me gustó mucho el primer texto ;)

Luego el segundo, ¿esa introducción es del cuento de Haroldo Conti, "Cinegética" o me estoy confundiendo? Buen final final, ah!

Nacho dijo...

*Una vez googleé una introducción o un fragmento que nos habían dado para hacer un cuento, sospechando que podía estar sacado de otro, y apareció otro cuento nomás. Pero en este caso googleando no aparece nada que contenga el fragmento textual, sólo este mismo post y un documento online de la cátedra con las consignas del año :P, así que no podía confirmártelo. Pero puede ser, sería cuestión de buscar el cuento, sería lógico que los fragmentos iniciales a elegir (había varias opciones) no los inventaran, sino que los sacaran de otro.

*Lo de los padres es así, viste :P, estas cosas de los hijos les parecen geniales. Aunque yo no recuerdo haber visto dibujos tuyos, quizás estén para enmarcarlos. :P

*Rebanar sesos se hace cuando se comen achuras de vaca nomás, calculo. (?) (igual creo que no es un corte muy popular el seso... ni siquiera sé si se le dice así)


*Y de los títulos el otro día elaboré una nueva teoría:
creo que cuando me largo a escribir sin una idea fija de a dónde estoy yendo (cosa que hice muchas veces para estos TPs de taller, empezar a narrar sin saber qué final podía tener eso que iba armando, por ejemplo), después el título me resulta muy difícil de poner. Si, en cambio, parto a partir de una idea, algo más conciso, para luego desarrollarlo en la prosa, es más fácil encontrar el título, por la existencia de esa idea inicial, condensada en pocas palabras, del tema del texto o lo que éste podía querer contar, o lo que fuera...

Anisett dijo...

con lo de la agenda me senti MUY identificada! :P

y es dificil eso de "taller de expresion" ya te dije que yo perdería en una materia como esas :P o me frustraria mucho ¬¬

Nacho dijo...

Bueno, frustrarse en la facultad no es tan ilógico, en algún momento pasa. Calculo que casi todo el mundo se quedó más de una vez sentado frente a la PC sin saber qué carajo escribir para taller, es normal. Pero como el tipo era paciente, piola y buena onda, no creo que tampoco la hubieras detestado con pasión (?). Aunque sí te imagino puteando ante algún trabajo (tooodos lo hemos hecho, así que seguro :P).

De lo que decís de la agenda algo me llamó la atención... ¿vos no eras de las que anotaban todo DESPUÉS de ocurrido? Es decir, a lo diario íntimo más que a lo organizer electrónico/citanova (?). El tipo del cuento pensé que se parecía un poco más a lo segundo, pero me fijé y vi que también tenía eso de anotar post facto. Me sorprendió. (?)

Anisett dijo...

claro, yo anoto todo durante la noche pero si hay cosas que hacer, lo pongo en la fecha que cae, claro.

igual eso ocurria antes, con la facultad y eso... ahora tengo un calendario en el escritorio que paso a ocupar ese lugar